El amor verdadero siempre te hará llorar.

Llorar es el acto más romántico de todos, aún más memorable que un beso, una caricia, un abrazo, una mirada, un «te quiero» en la oscuridad o un «adiós». Llorar significa ser libre, dejar atrás momentos que creímos inamovibles. Se llora cuando se ama & se promete amor eterno, se llora cuando alguien muere & enterramos esperanzas compartidas, se llora cuando se siente, se llora cuando duele, se llora sólo cuando se vive.


El amor debería ser como una balanza, en igualdad de oportunidades, pero la justicia no tiene cabida en el folklore sentimental & nos condenamos a vagar entre injusticias constantes; jugamos siempre esperando ganar & cuando no es así nos retiramos en pedazos & con fichas faltantes, resignados, aceptando las reglas manipuladas & poco convenientes del juego. No protestamos porque las comedias románticas & las canciones cursis nos lo advirtieron: el amor debe doler.


¿Alguna vez se han preguntado qué pasaría si no estuviéramos dispuestos a sufrir por amor? ¿Qué sería de nosotros si no involucráramos la decepción, la tristeza o la dependencia cuando habláramos de romance? ¿Estaríamos a salvo siendo plenos o la culpa nos perseguiría hasta hacernos ver nuestra -mala- suerte?

Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa… Por eso te ruego a ti, amor de mi vida, que me perdones por ser humano, por cometer errores, por mi vileza natural & mi corrompida mente. Humíllame, regocíjate con mi dolor & encuentra la calma en mis delirantes súplicas. Amén.


De todas las armas que tiene la cursilería su favorita es la culpa. Un sentimiento irritante que usa para recordarnos lo nocivos & perjudiciales que somos. Pueden pasar días, meses o años pero un día se habrá ido, despertaremos con una cicatriz que, de vez en vez, voltearemos a ver pero ya no dolerá, habrá sanado, dejando sólo lecciones bien aprendidas & menos oportunidades futuras para sufrir.


«Prometo serte fiel en la salud & en la enfermedad, en lo próspero & en lo adverso, & así amarte & respetarte hasta que la muerte nos separe»


Suena tentador ¿o no? Nos predisponernos a vivir conflictos, inevitables tragedias de las que no podremos liberarnos jamás. El amor, una vez más, trae consigo penas & mal sabores. No es de extrañarnos que los votos matrimoniales se hagan frente a un público cercano & los ojos de Dios, entre más testigos haya: mejor. Pero si quieren el consejo de alguien que no ha prometido nada aún: asegúrense de jurar algo que sí puedan cumplir. Juren un beso antes de dormir sin condición alguna, juren despedirse cada que deban separarse, juren tocar temas incómodos con el único fin de discutirlos, juren cruzar palabras diariamente, juren sonreírse una vez por semana & juren, sobre todas las cosas, que el amor se hará presente cuando más lo necesiten.

«I’m sorry for my future love for the man that left my bed, for making love the way I saved for you inside my head»


Siempre me he considerado un hombre romántico, ferviente creyente del amor, miembro honorario de su club de fans, pero me ha dolido apostar por él & no quiero seguir siendo parte de su estadística dolosa. Estoy seguro que un día, el amor de mi vida, llegará con mil rosas para mí, pero no pienso recibirlo con la carita empapada. Me opongo rotundamente a convertir una pelea, una decepción o un trago amargo, en mi cuento perfecto. Me opongo al sufrimiento, me opongo al mal llamado equilibrio romántico, me opongo a velar por alguien incapaz de amarme, me opongo a rogar por un «te quiero» falso & me opongo a extrañar caricias con malas intenciones.


Me niego a no ser feliz.


«Puedo entender estrechez de mente, soportar la falta de experiencia pero no voy a aguantar estrechez de corazón…»

Deja un comentario