Ella es segura de sí misma, sociable, multifacética, bonita de la cara, amiga & aliada.
Bueno, que si se acaba el mundo, que si vienen los aliens o que si nos quieren sacar el líquido de las rodillas… ¡Oye, no! Cada vez estamos peor, pero algo bueno nos tenía que pasar & para eso estamos aquí, para recordar que aún hay alguien en quien sí podemos confiar de aquí hasta el fin de los días: la mezclilla; esa no nos falla, no nos falta & no nos quiere sólo por nuestro dinero.
Aunque su iniciación en el mundo de la moda casual fue parte de la rebeldía de los jóvenes, por vestirse como la clase trabajadora, hoy es uno de los materiales más buscados; su clásico azul es reconfortante & fácil de mezclar. No tiene peros.

La mezclilla es como tu bff. Siempre se hace presente en los momentos más importantes, la encuentras al alcance de una lágrima, no se raja, es fotogénica la condenada & lo más importante: te levanta los eventos.
¡Eso mamona!
Ella es una excelente compañera de vida, pero para serlo ha tenido que cambiar, transformarse & darnos tantas experiencias como lo podríamos imaginar. La hemos visto lisa, deslavada, con parches, desgarrada, en pasarelas & accesorios; no hay algo que ella no sea capaz de hacer por reinventarse año con año. Es una guerrera ¿cómo de que no?

Pero como toda relación, nuestro amorío con la mezclilla, tiene sus contras: crear una pieza en denim requiere una larga lista de procesos para llegar a un producto final, aumentando el índice de contaminación en el que la industria de la moda pelea por el primer lugar.
Eso no quiere decir -de ninguna manera- que la relación con nuestra tía tenga que acabar, claro que no… Pero si usamos nuestra creatividad para darle una segunda chance a las piezas lograríamos un gran cambio, pero si no me creen vean los artes de este artículo (que por algo se los hago). Se puede hacer & deshacer una pieza para convertirla en otra, sólo basta una buena intención.
Si ella puede cambiar por nosotros, nosotros podemos cambiar por ella.

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